Un brindis por los amores no correspondidos, un brindis por los corazones rotos.
Un escrito cada martes.
''SÓLO LOS DÉBILES DE MENTE SE REHÚSAN A SER INFLUENCIADOS POR LA LITERATURA Y LA POESÍA.'' -Tessa Gray.
UNA ENTRADA NUEVA CADA MARTES.
AQUÍ ESTAMOS LOS QUE CREEMOS.
AQUÍ ESTAMOS LOS QUE CREEMOS.
sábado, 24 de enero de 2015
Crónicas de mi muerte anunciada.
Te dicen que tienes que amar y ser amado, y te explican que es el amor lo que hace girar al mundo, y te invitan a arriesgarte, pero nadie te enseña a esconder el arma del delito, nadie te advierte de los efectos secundarios, y cuando empiezan a faltar los hechos, es cuando empezamos a reescribir la historia.
Él siempre sonreía, y sabía hablar, y estaba guapo; guapo como de revista.
Lo que hubiera dado yo por agarrarme de sus costillas como salvavidas en mitad de un naufragio. Llevaba un arma dentro que quería salir a matar gente, y aveces, lo conseguía. Él era capaz de elevarte hasta la décima altura, para luego dejarte caer; y no en sus brazos.
Qué truco cuando caminaba por ahí conquistando el asfalto, aún con el viento acariciando su cabello y luego se paraba y me daba esa mirada de infarto que tanto me gustaba y lo único que yo era capaz de hacer, era ahogar un suspiro.
Y qué magia la que llevaba entre sus pupilas... que me hacia querer acampar en sus pómulos después de haber caminado mil millas al rededor de su cara y otras mil millas más a través de sus pestañas; esas pestañas que son más que el telón de la gran obra de sus ojos... son paraíso.
Sospecho que venía de otro mundo, por eso de que parecía menos complicado y no podía dejar de mirarlo por que era lo más bonito que había visto yo pisar este suelo. Y cuando alguien borraba su sonrisa, me moría de ganas por volver a dibujarsela; con un pincel de besos.
Y es que esa era la clave y había un objetivo, conquistarlo, conquistar los lunares de su clavícula, que estoy segura que es allí donde encajaría mi boca a la perfección.
Lo que hubiera dado yo por darle la vuelta a su cuerpo en ochenta días, pero su cuerpo era territorio que yo aún no había fundado, por que él era un tesoro; pero un tesoro que no me pertenecía; que había otro pirata que ya había fundado esos huesos, que ya había conquistado los lunares de su clavícula y ya le había abrazado la vida; y ya le había susurrado letras de amor en su boca.
Que su historia de amor estaba siendo contada en tercera persona; y acabé siendo yo aquella. Él ya tenía con quién bailar y que sin darme cuenta se me había caído el corazón bajo la suela de sus zapatos y él... seguía bailando como si nada.
Pero... saben? Era difícil dejar de verlo, pero más difícil aún era echar todo por la borda.
Mierda! Si era jodido extrañar; imagínense el infierno que me abatía cuando se trataba de extrañarlo a él. Pero al final, acababa haciéndolo.Y aunque él era perfecto, su único defecto... era yo. Que alguien tenía que hacerme entender que cuando la función se acabara y las luces se apagaran, no quedaría más que un par de estrellas y una luna, quizás, haciéndome compañía; que entre más rápido creciera mi ilusión, mi sufrimiento se alargaría junto con la maldita soledad.
He estado pensando que debería abandonar esto, que la prosa no es lo mío y no era mi intención atraparlo en tantos versos, pero es que cuando veo papel y tinta lo único que me da por hacer es escribirle a la comisura de sus labios.Ya aprendí que en esto del amor, no hay métrica que me salve y sigo confundida; y lo único que tengo claro, (aparte de sus ojos), es que aún estamos jóvenes, que tenemos mucho por vivir y muy poco por sufrir.
Y que en estas crónicas de mi muerte anunciada, el amor se lo heredo a los corazones fuertes y a las mentes maduras; que yo de esto... ya tuve suficiente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario