Traigo el peso del orgullo sobre mi pecho lleno de enojos,
tengo en mis ojos las gotas de agua que derrama una lluvia de febrero,
tengo un letrero que oferta todo mi llanto.
Traigo el corazón hecho piedra
desde la tarde en la que saliste a cenar con una tal Medusa;
tengo la excusa de que ya no me prefieres.
Traigo los deseos absurdos de toda la gente que aún cree en estrellas fugaces,
traigo el deseo de que vuelvas.
Tengo un reloj en mi muñeca que marca once horas y once minutos;
tengo ganas de besarte.
Traigo los pies sobre la tierra
aunque mi alma haya salido a buscarte.
Traigo una libreta con un poema que no tiene ningún orden,
porque todos sabemos que el sentido de mis letras eras tú.
Guayaquil, 12 de Agosto del 2016.

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